Los objetos transneptunianos (TNO) son cuerpos pequeños y helados que orbitan el Sol más allá de Neptuno. Como son remanentes de una etapa en la que el disco primordial todavía estaba formando planetesimales, funcionan como registros preservados de la construcción del Sistema Solar. El 8 de septiembre de 2026, la NASA divulgó el primer análisis que combina observaciones coordinadas del Hubble y del James Webb para estudiar algunos de los TNO más débiles y pequeños detectados directamente hasta ahora. El resultado clave no es una imagen detallada de esos mundos — siguen apareciendo como puntos de luz —, sino la posibilidad de relacionar color, composición aparente, tamaño y órbita dentro de una misma investigación.
Los dos estudios complementarios, publicados en The Astronomical Journal, muestran que los TNO pequeños conservan relaciones de color semejantes a las de miembros mayores de sus respectivas familias dinámicas. Al mismo tiempo, el sondeo del Webb encontró menos cuerpos muy pequeños de lo que sugerían algunas predicciones de formación planetaria. Esto refuerza la idea de que esas poblaciones todavía guardan información sobre las condiciones en las que se formaron, pero no resuelve cómo actuaron las colisiones, la migración planetaria y la evolución de las superficies durante miles de millones de años.
Qué midieron juntos Hubble y Webb
La fortaleza del experimento está en la complementariedad de los telescopios. Hubble aporta mediciones muy sensibles en luz visible, mientras que Webb extiende las observaciones al infrarrojo. En el análisis de color, las observaciones coordinadas cubrieron aproximadamente de 0,35 a 3,2 micrómetros para los objetos recuperados en ambos conjuntos de datos. En la práctica, eso ofrece una base espectral mucho más amplia que la de un solo observatorio.
Webb, con NIRCam, realizó el sondeo ultraprofundamente sensible que identificó 27 nuevos TNO. El estudio de color y composición recuperó 13 de esos objetos en imágenes del Hubble, utilizando instrumentos ópticos como ACS y WFC3. El equipo combinó después las magnitudes medidas en distintos filtros para calcular colores, examinar curvas de luz y comparar los objetos pequeños con secuencias de color ya conocidas entre TNO mayores.
“Color” en este contexto significa más que la apariencia que vería un ojo humano. El color astronómico es la diferencia de brillo entre bandas de longitud de onda. Esa diferencia aporta pistas sobre cómo una superficie refleja la luz y, por lo tanto, sobre su composición, textura y procesamiento químico. Estudios anteriores del Webb sobre TNO mayores ya habían identificado clases espectrales distintas asociadas con hielo de agua, dióxido de carbono, monóxido de carbono, metanol y materiales orgánicos complejos. El nuevo trabajo pregunta si esas relaciones persisten al estudiar cuerpos de apenas decenas de kilómetros — o menos — de diámetro.
Por qué las órbitas dividen los TNO en poblaciones “frías” y “calientes”
Los términos “fría” y “caliente” son dinámicos, no térmicos. Los TNO clásicos fríos ocupan órbitas relativamente circulares y con baja inclinación respecto al plano principal del Sistema Solar. Los modelos de evolución orbital indican que muchos permanecieron cerca de la región donde se formaron y preservan una población comparativamente poco perturbada del disco primordial.
Los TNO dinámicamente calientes presentan órbitas más excéntricas e inclinadas. La interpretación dominante es que muchos se formaron más cerca del Sol, entre regiones hoy asociadas con Urano y Neptuno, y fueron desplazados hacia el exterior durante la migración temprana de los planetas gigantes. Por eso, la órbita actual de un TNO no revela necesariamente su lugar de nacimiento: en los objetos calientes registra una historia de dispersión y reorganización.
Esta distinción es crucial porque permite poner a prueba una hipótesis histórica. Si poblaciones nacidas en zonas diferentes del disco primordial conservan colores característicos, esos colores pueden actuar como una firma indirecta de su región de origen incluso después de que sus órbitas hayan cambiado.
Qué revelaron los colores de los objetos pequeños
El estudio dirigido por Anastasia Morgan encontró que los TNO clásicos fríos pequeños muestran una distribución de color estrecha y compatible con una única secuencia de reflectancia ya identificada entre clásicos fríos mayores. No aparece un cambio claro de esa secuencia a tamaños menores. En cambio, los TNO dinámicamente excitados presentan una gama más amplia de colores, coherente con las múltiples clases composicionales observadas en objetos mayores.
Este resultado es importante porque existía una expectativa razonable de que los cuerpos pequeños, sometidos a fragmentación y colisiones con el tiempo, pudieran mostrar superficies sistemáticamente distintas de las de sus “parientes” mayores. Las observaciones no muestran esa ruptura. La interpretación favorecida es que el patrón de color posee un componente primordial fuerte, ligado a las condiciones de formación, y no es simplemente consecuencia del tamaño actual del cuerpo.
Eso no significa que las colisiones sean irrelevantes. El propio equipo mantiene abiertas varias posibilidades: quizá hubo menos colisiones capaces de alterar las superficies de lo que suponen algunos escenarios, o los fragmentos pueden conservar de algún modo una composición superficial parecida a la del material original. La observación establece el patrón; el mecanismo exacto que lo preservó todavía se investiga.
Qué aportan los tamaños de los 27 nuevos TNO
El sondeo del Webb también midió la función de luminosidad, es decir, cómo cambia el número de objetos con el brillo observado. Con supuestos sobre distancia y albedo, la distribución de brillo puede relacionarse con una distribución de tamaños. El estudio dirigido por Marielle Eduardo encontró que las subpoblaciones fría y caliente son compatibles, dentro de las incertidumbres, con pendientes semejantes en sus distribuciones de luminosidad.
Esto sorprende porque ambas poblaciones se asocian con zonas de formación diferentes. El artículo técnico menciona regiones presumidas cercanas a unas 25 UA para parte de la población caliente y 45 UA para la población fría. Aun así, la forma estadística de las distribuciones observadas de cuerpos pequeños es similar. Esto sugiere que la formación de planetesimales puede producir distribuciones de tamaños comparables bajo condiciones distintas del disco.
El sondeo también encontró menos TNO muy pequeños de lo que predecían algunas extrapolaciones de modelos. Ese déficit puede ser informativo porque los modelos de formación y evolución colisional hacen predicciones diferentes sobre la abundancia de cuerpos pequeños. Sin embargo, el campo observado representa una fracción minúscula del cielo, por lo que serán necesarias muestras mayores antes de convertir esa discrepancia en una restricción definitiva sobre la física de la formación planetaria.
¿Hasta qué tamaño llegaron las observaciones?
La divulgación de la NASA destaca un objeto de aproximadamente 5 kilómetros de diámetro, cerca de cinco veces menor que el límite de detección terrestre citado por la agencia. El resumen técnico del estudio de la función de luminosidad, por su parte, indica que su detección más débil tendría unos 10 kilómetros si se supone un albedo del 15%. Las cifras no son necesariamente contradictorias: brillo, distancia y albedo influyen en la conversión a diámetro, y el objeto más débil no tiene por qué ser el físicamente más pequeño.
Este detalle recuerda que el tamaño no se mide como un disco resuelto en estos TNO. Siguen siendo fuentes puntuales incluso para Hubble y Webb. El diámetro se infiere a partir del brillo y de supuestos sobre cuánta luz refleja la superficie. Si cambia el albedo asumido, cambia también el tamaño estimado.
Cómo colores, órbitas y tamaños cuentan una historia de la formación del Sistema Solar
Las tres medidas responden preguntas diferentes:
- Color y reflectancia: muestran cómo interactúa la superficie con la luz y ayudan a distinguir familias composicionales.
- Órbita: registra la historia dinámica y permite separar poblaciones que probablemente se formaron en regiones diferentes.
- Distribución de tamaños: registra cómo el crecimiento de planetesimales y la evolución posterior repartieron la masa entre cuerpos grandes y pequeños.
Al combinarse, esas pistas ofrecen una lectura más rica. Los TNO fríos parecen conservar tanto órbitas poco perturbadas como una secuencia de color estrecha. Los calientes vieron sus órbitas reorganizadas por la migración planetaria, pero sus colores todavía siguen relaciones observadas en sus equivalentes mayores. Y ambas poblaciones muestran distribuciones de cuerpos pequeños semejantes dentro de las incertidumbres del sondeo.
Esta combinación es compatible con un Sistema Solar temprano en el que el lugar de formación dejó firmas composicionales duraderas, mientras que el proceso de construcción de planetesimales generó distribuciones de tamaños comparables en ambientes diferentes. Para los TNO dinámicamente calientes, el color funciona como una forma de memoria que sobrevivió a la reorganización orbital.
Qué no permiten concluir todavía los datos
Los resultados aportan evidencia fuerte de continuidad entre TNO pequeños y grandes, pero no justifican varias afirmaciones más fuertes.
- No demuestran que todas las superficies hayan permanecido intactas desde la formación del Sistema Solar.
- No determinan por sí solos cuántas colisiones sufrió cada objeto.
- No convierten el color de banda ancha en una composición química única sin espectroscopia adicional.
- No prueban que las poblaciones fría y caliente se hayan formado bajo condiciones idénticas; muestran semejanzas en sus distribuciones de cuerpos pequeños.
- No resuelven la discrepancia entre el número observado de TNO pequeños y todas las predicciones de los modelos.
La interpretación primordial todavía depende de la comparación con modelos de migración planetaria, formación de planetesimales y evolución colisional. Lo que hacen los nuevos datos es restringir esos modelos: cualquier escenario exitoso debe explicar por qué las secuencias de color persisten hasta tamaños mucho menores y por qué las dos poblaciones muestran distribuciones de luminosidad tan parecidas.
Por qué importa la combinación Hubble + Webb
Webb por sí solo es extraordinariamente sensible en el infrarrojo y fue decisivo para encontrar los 27 objetos. Hubble añade mediciones ópticas que amplían la base de color. Esa extensión es precisamente lo que permite situar los TNO pequeños en las mismas relaciones de reflectancia utilizadas para estudiar poblaciones mayores.
La ventaja no consiste en “sumar dos fotos” del mismo cuerpo, sino en construir una medición multibanda. Para objetivos tan débiles, las observaciones coordinadas también reducen problemas causados por la rotación y por variaciones de brillo entre épocas muy separadas. Es un ejemplo claro de cómo observatorios con sensibilidades distintas pueden producir una respuesta científica que ninguno entregaría con la misma fuerza por separado.
Qué seguir en las próximas observaciones
Las próximas pruebas deberían ampliar el área sondeada, aumentar el número de TNO pequeños con colores óptico-infrarrojos y obtener espectros más detallados cuando sea posible. Una muestra mayor permitirá comprobar si la aparente escasez de cuerpos muy pequeños se mantiene y si las distribuciones fría y caliente siguen siendo estadísticamente semejantes.
También será importante conectar los colores de banda ancha con las clases composicionales que Webb ha identificado mediante espectroscopia en TNO mayores. Si la misma arquitectura química aparece de manera consistente en cuerpos cada vez menores, se reforzará la idea de que sus superficies preservan memoria de la región donde se formaron. Si aparecen rupturas según tamaño, órbita o historia colisional, mostrarán dónde comienza a modificarse esa memoria.
Fuentes principales
- NASA Science — Hubble y Webb en TNO, 8 de septiembre de 2026
- Morgan et al. — Combined JWST and HST Deep Imaging to Characterize the Smallest Known Trans-Neptunian Objects
- Eduardo et al. — The Luminosity Function of Ultra-Faint Trans-Neptunian Objects Detected by JWST
- NASA Science — Webb y las superficies antiguas de los TNO





