La historia de Nuestra Señora Divina Pastora conecta dos lugares separados por el Atlántico: Sevilla, donde la devoción tomó forma pública a comienzos del siglo XVIII, y Sergipe, donde la advocación mariana pasó a dar nombre a una ciudad, a un santuario y a una de las tradiciones religiosas más destacadas del estado. En 2026, la Arquidiócesis de Aracaju señaló los 323 años del hito del 8 de septiembre de 1703, cuando fray Isidoro de Sevilla presentó públicamente una imagen de la Divina Pastora durante un rosario en la ciudad española.
La clave para comprender este recorrido es separar lo que está bien documentado de lo que pertenece a la tradición devocional o a hipótesis históricas. El origen sevillano y la actuación de fray Isidoro son ampliamente reconocidos. En cambio, la forma exacta en que la devoción llegó al poblado sergipano de Ladeira — más tarde llamado Divina Pastora — no está establecida por una única cadena documental continua. Fuentes eclesiásticas y memorias locales relacionan su llegada con misioneros capuchinos a fines del siglo XVIII, especialmente con el año 1782; los estudios académicos, sin embargo, recomiendan tratar ese episodio con cautela.
Qué ocurrió en Sevilla en 1703
La devoción surgió en el ambiente capuchino de Sevilla. La tradición religiosa atribuye a fray Isidoro de Sevilla una experiencia espiritual en la que María habría sido contemplada con apariencia de pastora y rodeada de ovejas. Los relatos posteriores difieren sobre la fecha exacta de esa inspiración o visión, por lo que el hito público más seguro es el 8 de septiembre de 1703.
Ese día, según la Arquidiócesis de Aracaju y fuentes vinculadas con la tradición capuchina, fray Isidoro organizó un rosario público en Sevilla y presentó a los fieles una representación de María como Divina Pastora. La iconografía mostraba a la Virgen en un ambiente pastoril: vestimenta de pastora, cayado u otros elementos pastoriles, ovejas y referencias a Jesús como Buen Pastor. La imagen convirtió una idea teológica — María como madre de Cristo, el Buen Pastor — en una escena sencilla y fácilmente reconocible.
La fuerza de esa representación ayudó a difundir la devoción. Cofradías y predicadores capuchinos fueron decisivos en su circulación por la Península Ibérica y, posteriormente, por otros territorios. La propia Orden de los Hermanos Menores Capuchinos registra el papel de Isidoro de Sevilla y de otros predicadores en la difusión de la advocación a lo largo del siglo XVIII.
Cómo pudo llegar a Sergipe una devoción española
La Divina Pastora se expandió en una época en la que órdenes religiosas, misiones populares, cofradías, estampas, esculturas y devociones viajaban entre Europa y la América portuguesa. En ese contexto, la presencia capuchina ofrece una explicación plausible para la llegada de la advocación a Sergipe.
La tradición conservada por el Santuario de Nuestra Señora Divina Pastora afirma que la devoción llegó a tierras sergipanas a fines del siglo XVIII y asocia el año 1782 con ese proceso. La memoria local suele atribuir a los misioneros capuchinos la introducción de la Virgen Pastora en el antiguo poblado de Ladeira.
Sin embargo, la historiografía añade una precisión importante: se conoce la actuación capuchina en Sergipe durante el siglo XVIII, pero la documentación disponible no permite afirmar con absoluta certeza que una misión específica llevara la imagen a Ladeira exactamente en octubre de 1782. Un estudio histórico publicado en los periódicos de la UFPB llama la atención sobre esa laguna. Otro trabajo sobre la iglesia considera dos posibilidades: la difusión por misioneros capuchinos o la existencia de una devoción familiar vinculada al patrocinador del templo, el coronel José Bernardino de Sá Souto Maior.
Por tanto, la formulación más precisa es: la devoción ya estaba echando raíces locales a fines del siglo XVIII, y la tradición de Sergipe relaciona ese avance con las misiones capuchinas y con el hito de 1782, pero el mecanismo exacto de llegada sigue abierto a la investigación histórica.
1782: por qué esta fecha es tan importante
El año 1782 aparece repetidamente en la memoria de la devoción en Sergipe y también en el propio paisaje urbano. La fachada de la Iglesia Matriz de Nuestra Señora Divina Pastora lleva esa fecha. El inventario patrimonial del Patrimonio de Influencia Portuguesa señala que la inscripción está relacionada con la construcción del templo y describe la iglesia como un conjunto singular, con altar mayor, talla, pinturas e iconografía dedicada a la advocación pastoril.
Es importante no utilizar la inscripción como prueba aislada de que la imagen llegó en ese mismo año. Funciona mejor como un hito material de una etapa en la que devoción, templo e identidad del poblado comenzaron a entrelazarse. A lo largo del siglo XIX, ese vínculo se hizo cada vez más explícito.
Las fuentes eclesiásticas sitúan la creación de la parroquia en 1817. En 1833, la localidad pasó a ser distrito con el nombre de Nossa Senhora da Divina Pastora y, en 1836, se convirtió en villa. El nombre religioso dejó de ser solo el título de una devoción y pasó a identificar institucionalmente el lugar.
Del templo local al patrimonio religioso de Sergipe
La iglesia se convirtió en uno de los principales soportes materiales de esta memoria. En 1943, la Iglesia Matriz de Nuestra Señora Divina Pastora y su acervo fueron protegidos a nivel federal por el IPHAN. La declaración preservó no solo el edificio, sino también un conjunto artístico que ayuda a explicar cómo la devoción fue incorporada visualmente a la vida local.
El templo reúne elementos que refuerzan esa identidad, entre ellos la representación de la Divina Pastora en el altar y la pintura del techo asociada al artista bahiano José Teófilo de Jesus. En ese espacio, devoción, arte sacro y memoria urbana funcionan juntos: la iglesia no es únicamente un escenario del culto, sino un documento material de la consolidación histórica de la advocación en Sergipe.
1958: la peregrinación cambia la escala de la devoción
Si los siglos XVIII y XIX explican la implantación local de la devoción, el siglo XX explica por qué se convirtió en una referencia estatal. El 24 de agosto de 1958, el entonces padre Luciano Cabral Duarte organizó, con jóvenes vinculados a la Juventud Universitaria Católica, la primera peregrinación de Riachuelo a Divina Pastora. El Santuario registra que el grupo inicial tenía menos de cincuenta estudiantes y que la iniciativa se inspiró en experiencias de peregrinación que Luciano Duarte había conocido en Francia.
Este movimiento cambió la escala de la tradición. La devoción dejó de percibirse únicamente como patrimonio religioso de una parroquia o de una ciudad y comenzó a movilizar fieles de distintas partes de Sergipe. Investigaciones académicas describen la peregrinación como una de las mayores manifestaciones del catolicismo local y destacan su papel en la transformación de Divina Pastora en centro devocional.
En 2014, el Estado de Sergipe reconoció la Peregrinación al Santuario de Nuestra Señora Divina Pastora como Patrimonio Cultural de naturaleza inmaterial. El reconocimiento oficial, registrado por la Arquidiócesis de Aracaju y analizado en un estudio de la Universidad Católica de Pernambuco, muestra cómo la caminata ya había superado la dimensión estrictamente litúrgica: también se había convertido en una referencia de memoria colectiva, pertenencia y cultura.
2017: de devoción popular a símbolo religioso del estado
En octubre de 2017, los obispos de las tres diócesis de la Provincia Eclesiástica de Aracaju proclamaron a Nuestra Señora Divina Pastora Patrona del Estado de Sergipe. El anuncio se realizó ante peregrinos en el santuario y fue presentado por la CNBB Regional Nordeste 3 como reconocimiento de una devoción ya profundamente arraigada en la historia religiosa sergipana.
Ese mismo año, la Ley estatal nº 8.302 incluyó el Día de Nuestra Señora Divina Pastora en el Calendario Cultural del Estado. Estos actos no crearon la tradición; formalizaron una posición construida durante generaciones por parroquias, familias, peregrinos, promesas, fiestas y desplazamientos hasta el santuario.
Línea del tiempo: de Sevilla a Sergipe
| Fecha | Hito | Qué representa |
|---|---|---|
| 1703 | Fray Isidoro difunde la Divina Pastora en Sevilla; el 8 de septiembre se presenta públicamente la imagen | Hito público de la devoción moderna |
| Finales del siglo XVIII / 1782 | La tradición de Sergipe relaciona la llegada de la advocación con misiones capuchinas y con el año inscrito en la fachada de la matriz | Implantación local, con detalles todavía debatidos por la historiografía |
| 1817 | Creación de la parroquia de Divina Pastora | Consolidación eclesiástica de la devoción en el territorio |
| 1833–1836 | El lugar pasa a usar oficialmente el nombre Nossa Senhora da Divina Pastora y se convierte en villa | La devoción pasa a identificar también a la comunidad civil |
| 1943 | Protección federal de la Iglesia Matriz y de su acervo | Reconocimiento del valor histórico y artístico del templo |
| 1958 | Primera peregrinación organizada por Luciano Cabral Duarte y estudiantes universitarios | Ampliación de la devoción a escala estatal |
| 2014 | Peregrinación reconocida como patrimonio cultural inmaterial de Sergipe | Reconocimiento de la práctica como memoria y cultura colectiva |
| 2017 | Los obispos de la Provincia Eclesiástica proclaman a la Divina Pastora Patrona de Sergipe | Formalización eclesiástica de una identidad devocional ya consolidada |
| 2026 | 323 años del hito público de 1703 | Continuidad de una tradición que sigue siendo reinterpretada y transmitida |
Por qué la Divina Pastora se convirtió en parte de la identidad de Sergipe
La fuerza de la devoción en Sergipe no se explica por un único momento de “llegada”. Es el resultado de capas históricas. Primero, una advocación mariana creada en un ambiente capuchino europeo encontró espacio en una sociedad católica conectada con las redes religiosas del mundo lusoamericano. Después, la devoción quedó fijada en un templo, en imágenes y en el propio nombre de la ciudad. Finalmente, las peregrinaciones del siglo XX transformaron esa memoria local en una experiencia compartida por fieles de todo el estado.
Esta combinación ayuda a explicar el paso de una devoción nacida en Sevilla a una tradición sergipana. El vínculo no es solamente geográfico. Se construyó mediante circulación religiosa, patrimonio material, organización eclesial, memoria familiar y peregrinación. La historia documentada y la tradición oral no siempre coinciden en todos los detalles, pero juntas muestran cómo la Divina Pastora dejó de ser una advocación importada para convertirse en una referencia propia de la cultura religiosa de Sergipe.
Fuentes para profundizar
- Arquidiócesis de Aracaju — 323 años de la devoción a la Divina Pastora
- Santuario de Nuestra Señora Divina Pastora — origen e iconografía de la devoción
- Santuario de Nuestra Señora Divina Pastora — historia de la peregrinación
- Arquidiócesis de Aracaju — patrimonio inmaterial y proclamación de la patrona
- CNBB Regional Nordeste 3 — proclamación como Patrona de Sergipe
- Revista de Teología y Ciencias de la Religión — estudio sobre la patrimonialización de la peregrinación
- Patrimonio de Influencia Portuguesa — Iglesia Matriz de Nuestra Señora Divina Pastora





