La NASA anunció el 6 de agosto de 2026 un avance en el desarrollo de SkyFall: una antena flexible y muy ligera destinada al radar de penetración terrestre de los futuros helicópteros marcianos se sometió a una campaña de pruebas en el Jet Propulsion Laboratory (JPL).
Esto no significa que tres nuevos helicópteros ya estén volando sobre Marte. SkyFall aparece oficialmente como una misión futura. La NASA está trabajando actualmente con un plan de tres aviones, cuyo lanzamiento está previsto para finales de 2028 y llegada a la superficie marciana en la segunda mitad de 2030. El lugar de aterrizaje aún no ha sido elegido y se siguen desarrollando y cualificando componentes importantes.
El interés científico está en una franja del planeta que es difícil de estudiar en detalle desde la órbita: los primeros metros bajo tierra. Es precisamente allí donde los depósitos accesibles de hielo de agua pueden almacenar información sobre la historia climática de Marte y, en el futuro, servir como recurso para misiones humanas.
¿Qué probó exactamente la NASA?
Lo más destacado del anuncio de agosto no fue un helicóptero completo ni el radar completo, sino la antena del radar.
El instrumento planeado para SkyFall necesita emitir y recibir ondas de radio mientras el avión vuela cerca del terreno. El problema es físico: una antena convencional adecuada para las frecuencias elegidas sería demasiado grande para caber con seguridad debajo de un helicóptero marciano tan pequeño.
Según la NASA, la distancia mínima entre la parte inferior del fuselaje y el suelo es de sólo unos 15 centímetros. Una antena convencional para este alcance podría tener aproximadamente 48 centímetros de largo. La solución elegida fue una antena tipo Vivaldi, que puede fabricarse en materiales planos y flexibles y funciona en una amplia gama de frecuencias.
El equipo construyó la antena con tela metalizada, poliéster y capas de Vectran, un material resistente que también se utiliza en los sistemas de bolsas de aire de las misiones Spirit y Opportunity. Los resortes flexibles de fibra de vidrio la ayudan a recuperar su forma después de que la antena se dobla, mientras que un pequeño marco de magnesio la mantiene en su lugar.
El conjunto completo pesa aproximadamente 150 gramos.
La flexibilidad es necesaria porque la antena estará debajo del helicóptero. Debe plegarse si toca el suelo o una roca durante el aterrizaje y volver a la posición correcta cuando el avión vuelva a despegar.
En las pruebas publicadas el 6 de agosto, el prototipo fue sometido a variaciones térmicas, flexiones repetidas y evaluaciones de radiofrecuencia. La NASA dice que la antena ha resistido el equivalente a 200 aterrizajes marcianos sin pérdida de rendimiento, más del doble de lo que se necesitaba para la misión principal planificada.
Aun así, existe una diferencia importante entre superar esta campaña y estar preparado para Marte. El propio equipo informa que la antena aún no está totalmente preparada para volar. El próximo modelo de ingeniería deberá afrontar, entre otros procedimientos, pruebas de vibración, funcionamiento en un entorno marciano simulado y evaluaciones externas en el Mars Yard del JPL.
Por qué buscar hielo volando cerca del suelo
Marte ya ha identificado o estimado depósitos de hielo subterráneos mediante diferentes misiones y métodos. El proyecto SWIM, por ejemplo, combina datos de múltiples sondas para mapear dónde puede existir hielo de agua relativamente cerca de la superficie, especialmente en latitudes medias consideradas interesantes para futuras exploraciones humanas.
El problema es transformar un mapa regional en algo lo suficientemente detallado como para responder preguntas como: ¿dónde comienza el hielo? ¿Qué espesor tiene la capa de polvo y roca que lo recubre? ¿El depósito continúa cientos de metros horizontalmente o desaparece un poco más allá?
Los radares orbitales son excelentes para investigar estructuras profundas y extensas, pero tienen limitaciones de resolución cerca de la superficie. SHARAD, instalado en el Mars Reconnaissance Orbiter, por ejemplo, fue diseñado para estudios a gran escala y tiene una resolución vertical nominal de unos 15 metros en el espacio libre.
El radar previsto para SkyFall funciona con otra estrategia. Volando bajo, apuntará a los primeros metros bajo tierra. La página oficial de la misión reporta un rango nominal de detección de hielo entre aproximadamente 0,5 y 3 metros de profundidad, con posibilidad de llegar a mayor profundidad en condiciones favorables.
Un estudio publicado en marzo de 2026 en el Journal of Geophysical Research: Planets refuerza esta lógica. Los investigadores probaron un radar montado en drones sobre glaciares terrestres utilizados como análogos de los depósitos marcianos y pudieron resolver capas poco profundas que los instrumentos orbitales como SHARAD no pueden distinguir directamente. El estudio no es una prueba de SkyFall, pero ofrece una confirmación independiente de la utilidad científica de acercar el radar mucho más a la Tierra.
Cómo el radar puede revelar hielo oculto
Un radar de penetración terrestre envía ondas electromagnéticas hacia la superficie y registra parte de la energía que regresa.
Cuando la onda pasa a través de materiales con diferentes propiedades eléctricas (por ejemplo, capas de regolito, roca y hielo), parte de la señal puede reflejarse en la interfaz entre estas capas. El tiempo de retorno, la intensidad y otras características del eco ayudan a reconstruir la estructura bajo tierra.
Esto requiere interpretación. El radar no funciona como un “detector de moléculas de agua” que simplemente se enciende cuando encuentra hielo. Los científicos analizan los ecos junto con modelos de las propiedades dieléctricas de los materiales y otros datos disponibles para determinar qué composición es compatible con la señal observada. Los estudios de laboratorio con mezclas de regolito y hielo marcianos simulados muestran precisamente cómo se pueden utilizar estas propiedades en la interpretación de los sondeos de radar.
En SkyFall, la NASA pretende utilizar una banda muy amplia, de 500 a 2500 megahercios. Las frecuencias más bajas, con longitudes de onda más largas, favorecen una mayor penetración; los más altos ayudan a distinguir detalles más finos en capas cercanas a la superficie.
La idea es combinar esta información con imágenes visibles e infrarrojas obtenidas por los propios helicópteros. Por lo tanto, el mapa subterráneo no será analizado de forma aislada de lo que existe en la superficie.
Por qué es tan interesante el hielo marciano
Hay dos razones principales y se encuentran en SkyFall.
El primero es científico. Las capas de hielo, polvo y sedimentos pueden conservar registros de diferentes condiciones ambientales. Determinar la profundidad y extensión del hielo ayuda a reconstruir cómo han cambiado el agua, la atmósfera y el clima a lo largo de la historia de Marte. La propia NASA sitúa la investigación climática entre los objetivos científicos de la misión.
La segunda razón es operativa. El agua es pesada para transportar desde la Tierra. Un depósito accesible en Marte podría, en principio, proporcionar agua potable y materias primas para producir otros recursos, incluido oxígeno y componentes necesarios para fabricar propulsores.
Por eso no basta con saber que “hay hielo en Marte”. Para la exploración humana, es importante descubrir dónde hay hielo accesible, a qué profundidad y bajo qué tipo de terreno. Los mapas del proyecto SWIM ya se elaboran con esta preocupación: encontrar regiones que concilien la probable presencia de hielo y condiciones menos extremas para el aterrizaje y la operación.
Por qué tres helicópteros
La arquitectura oficial de SkyFall prevé tres aviones derivados del experimento Ingenuity. Durante su llegada a Marte, deberán ser liberados estando aún en el aire y aterrizar de forma individual, en lugar de depender de un módulo de aterrizaje convencional. Posteriormente, podrán dispersarse por toda la región de exploración.
Esta configuración le permite distribuir observaciones a lo largo de diferentes trayectorias. Actualmente, la NASA estima que un solo helicóptero puede recorrer entre 1 y 2 kilómetros durante un vuelo de aproximadamente dos minutos y medio, recogiendo información de la superficie y del subsuelo. La documentación de la misión muestra a los tres aviones saliendo de la zona de lanzamiento en diferentes direcciones.
Además, está previsto que los helicópteros transmitan datos de forma independiente a las naves espaciales que orbitan alrededor de Marte. Es un cambio con respecto a Ingenuity, que dependía del rover Perseverance como estación intermedia de comunicaciones.
Sin embargo, hay un límite a lo que la documentación disponible nos permite decir: las páginas consultadas explican cómo los tres helicópteros pueden dispersar y ampliar el mapeo, pero no presentan un estudio que demuestre que tres sea un número científicamente óptimo o mínimo. Por lo tanto, atribuir la cantidad específicamente a una “redundancia” o a una fórmula de cobertura iría más allá de lo que la NASA ha publicado hasta ahora.
SkyFall es heredero de Ingenuity, pero tiene otro papel
Ingenuity se envió inicialmente como una demostración de tecnología. Su objetivo era demostrar que era posible volar con motor y control en la atmósfera extremadamente enrarecida de Marte. Terminó realizando 72 vuelos antes de finalizar su misión en enero de 2024.
SkyFall parte de esta experiencia, pero se considera una plataforma científica mucho más instrumentada. Cada avión deberá llevar radar, cámaras y sensores ambientales, además de sus propios recursos de comunicación.
Este salto explica por qué reducir la masa sigue siendo tan importante. En Marte, cada instrumento agregado debe ser transportado por rotores que operan en una atmósfera mucho menos densa que la de la Tierra. Ahorrar cientos de gramos en una pieza como la antena abre espacio para transformar un helicóptero que hasta ahora sólo demostraba la posibilidad de volar en un vehículo capaz de realizar ciencia durante el vuelo.
Lo que realmente cambia la prueba de agosto
La prueba publicada por la NASA resuelve una cuestión de ingeniería concreta: ¿puede una antena lo suficientemente grande como para hacer funcionar el radar ser ligera, flexible, sobrevivir a aterrizajes sucesivos y seguir transmitiendo y recibiendo señales correctamente?
El prototipo ha pasado este paso.
Sin embargo, aún quedan la calificación del hardware, la integración, las pruebas adicionales y todo el desarrollo de la misión. El 7 de agosto de 2026, SkyFall debe entenderse como una futura misión en desarrollo, con su lanzamiento actualmente programado para finales de 2028 y su llegada prevista para 2030, no como una flota de tres helicópteros que ya están buscando hielo en el planeta rojo.
El interés del concepto radica precisamente en llenar un vacío entre dos formas de explorar Marte: los orbitadores pueden indicar grandes regiones prometedoras; Los vehículos terrestres observan ubicaciones muy específicas. Una pequeña flota de radar que vuele a baja altura podría mapear rápidamente el espacio entre estas dos escalas y mostrar dónde la capa superficial esconde hielo, rocas o estructuras peligrosas.





