Biblia y Traducciones05/09/2026Núcleo de Estudos Bíblicos7 min de lecturaActualizado el 16/09/2026

¿Por qué algunas Biblias tienen 66 libros y otras 73? Canon protestante, católico y deuterocanónicos

La diferencia está en el Antiguo Testamento: muchas Biblias protestantes tienen 39 libros y la católica, 46. Conoce qué textos cambian, qué significa deuterocanónico y cómo surgió la divergencia.

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La diferencia entre una Biblia de 66 libros y una de 73 no está en el Nuevo Testamento. Los católicos y las principales tradiciones protestantes reconocen los mismos 27 libros del Nuevo Testamento. La diferencia está en el Antiguo Testamento: muchas Biblias protestantes cuentan 39 libros, mientras que la Biblia católica cuenta 46. Los siete libros que explican la diferencia numérica son Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico (Sirácida), Baruc, 1 Macabeos y 2 Macabeos; además, la tradición católica recibe también partes de Ester y Daniel que no forman parte del canon protestante.

La respuesta corta: 39 + 27 y 46 + 27

TradiciónAntiguo TestamentoNuevo TestamentoTotalQué explica la diferencia
Protestante, en muchas denominaciones39 libros27 libros66Adopta como canon del Antiguo Testamento el conjunto correspondiente al canon hebreo, aunque dividido y ordenado de forma cristiana.
Católica46 libros27 libros73Incluye siete libros deuterocanónicos y también pasajes de Ester y Daniel recibidos como canónicos.

La propia Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos resume la diferencia en esos términos, y el Catecismo de la Iglesia Católica enumera 46 libros del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo.

Esta comparación cubre el contraste más común entre católicos y protestantes. Las Iglesias ortodoxas y otras tradiciones cristianas pueden utilizar listas distintas, de modo que no existe un único número de libros que se aplique a todo el cristianismo.

¿Qué libros están en la Biblia católica y no en el canon protestante?

Libro o conjuntoEn la Biblia católicaEn muchas Biblias protestantes
TobíasCanónicoFuera del canon; puede aparecer en una sección de Apócrifos en algunas ediciones
JuditCanónicoFuera del canon
SabiduríaCanónicoFuera del canon
Eclesiástico (Sirácida)CanónicoFuera del canon
BarucCanónicoFuera del canon
1 MacabeosCanónicoFuera del canon
2 MacabeosCanónicoFuera del canon
Adiciones a EsterIntegradas en el libroNo forman parte del texto canónico protestante de Ester
Adiciones a Daniel, incluida la Oración de Azarías y el Cántico de los Tres Jóvenes, Susana y Bel y el DragónIntegradas en el libroNo forman parte del texto canónico protestante de Daniel

Por eso la diferencia numérica es de siete libros y no de nueve: Ester y Daniel ya existen en ambas Biblias; lo que cambia es la presencia de secciones adicionales dentro de esos mismos libros. Una página oficial de la USCCB sobre las ediciones católicas identifica tanto los siete libros como las adiciones a Ester y Daniel.

¿Qué significa “deuterocanónico”?

En la terminología católica, los siete libros y las partes adicionales de Ester y Daniel se llaman deuterocanónicos. El término distingue históricamente libros cuya recepción fue más discutida, pero en la doctrina católica actual pertenecen al canon de la Escritura y no forman una categoría de “Biblia de segunda clase”. El Catecismo los incluye en la misma lista de libros sagrados del Antiguo Testamento.

En ámbitos protestantes es habitual encontrar la palabra apócrifos para escritos que quedan fuera del canon. Sin embargo, los términos no son perfectamente intercambiables. “Apócrifos” puede designar un conjunto más amplio que los deuterocanónicos católicos, según la tradición y la edición de la Biblia.

Tampoco ha existido una única actitud protestante histórica hacia la lectura de estos textos. La Confesión de Fe de Westminster, importante en la tradición reformada, afirma que los libros llamados Apócrifos no forman parte del canon. En cambio, el Artículo VI de los Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia de Inglaterra dice que ciertos libros pueden leerse como ejemplo de vida e instrucción, aunque no se utilicen para establecer doctrina. Esto explica por qué una Biblia protestante antigua puede contener una sección separada de Apócrifos sin conceder a esos libros el mismo estatus canónico que a los demás.

¿Cómo produjo la historia dos recuentos diferentes?

El canon no nació como un índice impreso y listo desde el principio. “Canon” es el nombre de la lista de escritos que una comunidad reconoce como Escritura. Estas colecciones tomaron forma a lo largo del tiempo en contextos judíos y cristianos diferentes.

1. Escrituras judías y versiones griegas

Los libros que forman la Biblia hebrea se transmitieron principalmente en hebreo, con algunas secciones en arameo. Las comunidades judías de lengua griega también usaron traducciones griegas asociadas con lo que llamamos Septuaginta. Los manuscritos y colecciones griegos antiguos no deben tratarse como si todos contuvieran un único “índice oficial” idéntico al de una Biblia católica moderna; la historia textual y canónica es más compleja. Aun así, escritos que más tarde serían llamados deuterocanónicos circularon en griego y fueron utilizados por cristianos antiguos.

Una obra académica puesta a disposición por la Society of Biblical Literature describe la tradición cristiana de lengua griega como más amplia que el conjunto hebreo posteriormente preferido por las tradiciones protestantes. Un documento de la Pontificia Comisión Bíblica también destaca la importancia de la Biblia griega para el cristianismo antiguo y la existencia de una tradición bíblica occidental que conservó los libros deuterocanónicos.

2. La Iglesia antigua no discutió todos los libros de la misma manera

A lo largo de los primeros siglos, autores y comunidades cristianas elaboraron listas y valoraciones que no siempre coincidían en todos los libros. Esto se aplicó a algunos escritos del Antiguo Testamento y, en etapas anteriores, también a ciertos libros del Nuevo. Por eso, afirmaciones como “toda la Iglesia siempre tuvo exactamente el mismo índice” o “los siete libros aparecieron por primera vez en el siglo XVI” reducen una historia mucho más larga y compleja.

3. La Reforma acercó el Antiguo Testamento protestante al canon hebreo

Durante la Reforma del siglo XVI, las tradiciones que se hicieron protestantes pasaron, en general, a tratar como canónicos en el Antiguo Testamento los libros correspondientes al conjunto de la Biblia hebrea. Otros escritos podían reunirse por separado como Apócrifos o dejarse fuera de algunas ediciones. Confesiones protestantes posteriores formalizaron esta distinción; la lista de la Confesión de Westminster, por ejemplo, corresponde a los 39 libros del Antiguo Testamento presentes en las Biblias protestantes modernas.

4. El Concilio de Trento definió formalmente el canon católico en el contexto de la controversia

En 1546, durante el Concilio de Trento, la Iglesia Católica reafirmó como sagrados y canónicos los libros que componen su Antiguo Testamento, incluidos los deuterocanónicos. Por eso, decir simplemente que “Trento añadió siete libros a la Biblia” es inexacto: esos escritos ya tenían una larga historia de uso y recepción cristiana, aunque su estatus hubiera sido discutido por autores en distintas épocas. Trento convirtió la lista en una definición católica formal en un momento en que la Reforma hacía especialmente explícita la divergencia. La introducción oficial de la USCCB al libro de Judit, por ejemplo, registra la inclusión del libro en el canon por el Concilio de Trento de 1546.

Si la Biblia hebrea tiene 24 libros, ¿por qué el Antiguo Testamento protestante tiene 39?

Esta es una segunda diferencia de recuento que puede causar confusión. Los 24 libros del Tanaj judío corresponden, en su contenido textual básico, a los 39 libros del Antiguo Testamento protestante. La diferencia procede de la forma de agrupar y dividir los libros.

  • Samuel se cuenta como un solo libro en el sistema judío, pero como 1 y 2 Samuel en las Biblias cristianas.
  • Reyes y Crónicas también se dividen en dos volúmenes en las Biblias cristianas.
  • Esdras y Nehemías se cuentan tradicionalmente como una unidad en el cómputo judío.
  • Los doce profetas menores forman un solo libro, “Los Doce”, en el recuento judío, pero doce libros separados en el Antiguo Testamento cristiano.

La Jewish Virtual Library explica cómo estas divisiones llevan del total tradicional de 24 al recuento de 39 utilizado en las Biblias protestantes. Por tanto, 24 y 39 no representan dos conjuntos de textos completamente distintos.

Entonces, ¿qué Biblia está “bien”?

La pregunta histórica más útil no es tratar una tradición como si la otra hubiera cometido un simple error de suma, sino identificar qué canon reconoce una comunidad y por qué. Para los católicos, los deuterocanónicos son Escritura y forman parte del Antiguo Testamento. Para muchas denominaciones protestantes, esos escritos no pertenecen al canon inspirado, aunque algunas tradiciones los hayan leído o publicado por separado.

Esta diferencia también explica por qué una cita de Tobías, Sabiduría, Sirácida o Macabeos puede aparecer normalmente en una Biblia católica y no encontrarse en una Biblia protestante de 66 libros. No es un error de impresión: son ediciones construidas a partir de cánones diferentes.

Cómo identificar rápidamente qué edición tienes

  1. Revisa el índice del Antiguo Testamento.
  2. Busca Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico/Sirácida, Baruc, 1 Macabeos y 2 Macabeos.
  3. Si los siete aparecen integrados en el Antiguo Testamento, la edición sigue el canon católico u otra tradición que también los recibe.
  4. Si no aparecen, probablemente sigue el canon protestante de 66 libros.
  5. Si aparecen en una sección separada llamada “Apócrifos”, lee la nota editorial: la presencia física del texto no significa necesariamente que la denominación lo considere canónico.

En resumen, 66 = 39 libros del Antiguo Testamento + 27 del Nuevo, mientras que 73 = 46 del Antiguo + 27 del Nuevo. La diferencia se concentra en los siete deuterocanónicos y en las partes adicionales de Ester y Daniel. Comprender esa historia evita convertir una divergencia canónica real en la afirmación simplista de que una tradición simplemente “quitó” o “añadió” libros sin contexto.

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